El impacto de la
utilización de fármacos en la población
geriátrica en los países occidentales es enorme.
Durante el año 2006 el 72,7% del consumo de medicamentos por
parte de beneficiarios del Sistema Nacional de Salud del Estado
Español se dispensó mediante la utilización de
recetas de pensionista. (1).
La prescripción de medicamentos en el enfermo anciano
presenta dificultades añadidas por las
características propias que presenta este colectivo,
respecto al enfermo adulto joven. Éstas se podrían
resumir en:
La prescripción de los medicamentos es un aspecto
básico del proceso de uso de los medicamentos, pero no es el
único. En la preparación, dispensación y
administración de los medicamentos participan diferentes
profesionales que también pueden contribuir a la mejora de
la seguridad, la eficacia y la eficiencia del proceso. En
ningún caso se tiene que obviar la responsabilidad del
propio enfermo y/o de los cuidadores, especialmente en aspectos tan
determinantes para el éxito de la terapia como puede ser el
cumplimiento del tratamiento, éste es un aspecto clave en la
atención ambulatoria, que se debe reforzar mediante la
información y educación al enfermo y/o
cuidadores.
Pese los esfuerzos dedicados a obtener pauta terapéuticas y
eficaces, el enfermo geriátrico padece demasiado a menudo
problemas relacionados con medicamentos (PRM). Dentro de los
PRM, se debe diferenciar los errores de medicación de
las reacciones adversas a medicamento (RAM), ya que las
estrategias para disminuir o minimizar su impacto son muy
diferentes. (4). Para las RAM las posibilidades de
prevención son limitadas como consecuencia de su naturaleza
inherente a la acción farmacológica, mientras que
para los errores la mejora de los sistemas implicados en el proceso
del medicamento pueden llegar a reducir la incidencia y la
gravedad.
En ambas situaciones, la monitorización de la seguridad
mediante sistemas de farmacovigilancia son determinantes
para el conocimiento de los déficits de los sistemas usados.
El estudio de la iatrogenia inducida por medicamentos en el enfermo
geriátrico se ve complicada por la capacidad de
simulación de cuadros clínicos que presentan las RAM,
a la que se añade el propio proceso
d’envejecimiento como factor de complejidad (5).
Se deberá siempre considerar y diferenciar la posible
iatrogenia, estableciendo la relación causal entre el hecho
observado y la utilización de medicamentos de forma muy
precisa.
La observación repetida de altos niveles de morbilidad
asociada a fármacos en la población
geriátrica, que se traducen en altos niveles de consumo de
recursos sanitarios, con resultados en salud y calidad de vida
probablemente mejorables y evitables, ha hecho que muchos autores
hayan coincidido en la necesidad de mejora de la calidad de la
prescripción y en el resto de las etapas del proceso de uso
de medicamentos en la población anciana. (6-10).
Harms y
Garrad definieron el perfil del
enfermo anciano con elevado riesgo de padecer RAM. Se
trataría de personas con las características
siguientes:
También completaron este perfil de paciente de riesgo
considerando:
En otra línea Spinewine y colaboradores, recogieron
una serie de medidas correctoras dirigidas a la minimización
de la morbilidad. Se refirieron a prescripción apropiada
como una suma de valores y comportamientos que expresan la calidad
de la prescripción (13). Se han publicado diversas
aportaciones en este sentido, utilizando expresiones como:
apropiado/inapropiado, óptima/subóptima,
subprescripción/sobreprescripción. En todas se hace
referencia a aspectos de mejora de la terapia. La
metodología usada clásicamente se puede dividir en
dos grandes grupos:
Los estudios basados en criterios explícitos se
desarrollaron a partir de diversas opiniones de expertos mediante
técnicas de consenso. Se focalizaron en evitar la
utilización de medicamentos con un perfil potencial de
riesgo/beneficio inaceptable. Consideraron también el uso de
medicamentos que para determinadas patologías no eran
recomendables. Los trabajos publicados por Beers y
colaboradores inicialmente en el año 1991 con sus
posteriores revisiones han sido muy reconocidos y aplicados
(14,15). Tabla
1 y Tabla
2.
Pese su amplia utilización en diferentes ámbitos de
atención geriátrica esta metodología ha
mostrado ciertas limitaciones: necesidad de
revisión/actualización, así como dificultades
de aplicabilidad según la diversidad de las prácticas
clínicas particulares según el ámbito
territorial. En este sentido se han publicado estudios similares
que se adaptan a las concisiones de uso de medicamentos a
países como Canadá, Irlanda y Regno Unido,
(16-18).
En todos estos estudios se pretende advertir del riesgo que supone
la utilización de medicamentos potencialmente inapropiados.
Se ha justificado esta conducta por haber identificado estos
medicamentos como causa de morbilidad i mortalidad.
Por una parte se ha identificado que los perfiles
terapéuticos que responden al perfil de polifarmacia, es
decir, con alto riesgo de inducción de PRM, incluyen altos
niveles de medicamentos potencialmente inapropiados (19). Por otra,
Lau y colaboradores observaron que aumentaba el riesgo de
hospitalización y mortalidad. Por lo tanto la
eliminación de estos medicamentos se ha considerado
prioritaria en la consecución de pautas terapéuticas
más seguras (20).
La mejora de la calidad de la prescripción debe considerar
también otros aspectos además de evitar ciertos
medicamentos, al mismo tiempo se debe tener en cuenta aquellos
tratamientos de los que se podrían beneficiar los enfermos y
que no se han prescrito, es decir, del que se ha venido denominando
subprescripción. (21).
Ésta es otra línea de trabajo, en la que se debe
destacar las aportaciones realizadas por Hanlon y
colaboradores en el desarrollo del Índice de
Medicación Inapropiada “Medication Appropriateness Index
(MAI)" (22).
Esta herramienta se caracteriza por medir la magnitud de
prescripción inapropiada a partir de la revisión de
los perfiles terapéuticos de los enfermos según diez
criterios. Tabla
3.
Pese no ser una herramienta específica dirigida al enfermo
geriátrico ha mostrado gran efectividad ya que añade
aspectos como información o instrucción a los
enfermos, coste/efectividad y subprescripción, que las
opciones anteriores no consideraban.
Debido a la complementariedad de las dos metodologías
así como sus limitaciones, algunos autores han considerado
la aplicación simultánea de las metodologías,
Por otro lado se han propuesto otras alternativas como la de
Shrank publicada en el año 2007 como
revisión de indicadores de calidad previos, denominados
“ Assessing Care of
Vulnerable Elders (ACOVE)” (23). Tabla 4.
En esta aportación se consideran aspectos relacionados con
la subprescipción, sobreprescripción,
monitorización así como la conveniencia de evitar
medicamentos.
Medicare y Madicaid publicaron en el año 2006
recomendaciones para la mejora de la calidad de la
prescripción en las que siguiendo con criterios y
metodologías previamente descritas, se implementan
condiciones de monitorización, alertas en el uso de
medicamentos y de interacciones medicamentosas (24).
Recientemente Gallagher y colaboradores han publicado unas
recomendaciones desarrolladas en el ámbito de Irlanda y el
Reino Unido en las que los autores establecen series de
medicamentos que se deben evitar (18). Se incluyen diez apartados
con 69 criterios, pero al mismo tiempo se hace una relación
de recomendaciones de tratamiento indispensables en seis apartados
con 22 criterios. Tabla 5 y Tabla 6.
Pese que el contenido de las diversas aportaciones citadas
previamente no son de todo coincidentes, sí que aparecen en
todas ellas una serie de medicamentos y condiciones de
monitorización que por el alto riesgo de PRM que suponen
así como por su elevada prevalencia, requieren una
especial atención y profundización en su
estudio.
Benzodiazepinas
Es bien conocido el potencial riesgo de RAM con la
utilización de benzodiazepinas. Se ha observado entre otras,
un aumento del riesgo de somnolencia, desorientación y
caídas con la utilización de estos medicamentos, Las
modificaciones fisiológicas asociadas al proceso de
envejecimiento pueden afectar al metabolismo hepático de
estos medicamentos, de manera que se ha recomendado repetidamente
la utilización de benzodiazepinas que se eliminan por
conjugación (lorazepam y oxazepam), evitando aquellas que se
eliminan mediante procesos de oxidación hepática
(diazepam, clorazepato etc.) más afectada por el
envejecimiento (14-18). Se debe así establecer periodos
máximos de tratamiento y dosificaciones máximas a
utilizar.
Actualmente debido a que hay numerosos enfermos en tratamiento
con estos medicamentos, se debe hacer un esfuerzo para racionalizar
su prescripción. En este sentido en Francia, donde un 20% de
los enfermos geriátricos los reciben, las autoridades
sanitarias han puesto en marcha campañas para reducir estos
elevados índices de prescripción (25). En nuestro
medio se ha estudiado la prevalencia del uso de benzodiazepinas
observando que en el 12,5% de los enfermos ingresados en
residencias asistidas se prescribían estos
fármacos (26). En la Región del Maresme y
Barcelonés Nord se observó un incremento de uso de
diazepam del 6,6% entre los años 2001 y 2006. (27).
Se deben establecer pautas terapéuticas teniendo en cuenta,
con qué medicamento se hacen, durante cuánto tiempo y
a qué dosis, a fin e racionalizar la terapéutica de
estos medicamentos.
Fármacos
anticolinérgicos
La prescripción de medicamentos con actividad
anticolinérgica implica el riesgo entre otros de:
somnolencia, alucinaciones, sequedad, constipación,
palpitaciones, arritmias, retención urinaria, visión
borrosa, caídas etc. Al igual que por la benzodiazepinas
esta es un área donde se debe profundizar para la mejora de
la seguridad. Diversos autores han establecido clasificaciones de
medicamentos con acción anticolinérgica estableciendo
en algunos casos niveles de riesgo (28-30). Chew y
colaboradores clasificaron 107 medicamentos según el
nivel de anticolinérgia en referencia a la atropina (30). Se
debe considerar también en esta relación de
medicamentos que en condiciones normales no presentan acción
anticolinérgica pero en caso de sobredosificación o
bien por modificaciones de permeabilidad de la barrera
hemato-encefálica también pueden ejercer esta
acción farmacológica y por lo tanto se sume a la de
los otros fármacos. Tabla 7.
La monitorización de medicamentos con acción
anticolinérgica es básica en geriatría porque
a menudo se pueden ver incluidos en lo que se ha venido denominando
“cascada terapéutica”. Se ha definido este
comportamiento como una práctica a evitar y que consiste en
controlar farmacológicamente una RAM mediante medicamentos
en vez de identificar la RAM y retirar el medicamento que la
induce. Ejemplos de estas situaciones son las observadas en
enfermos con demencia tratados con inhibidores de la colinesterasa.
En alguno de estos pacientes se puede observar incontinencia
urinaria probablemente relacionada con el tratamiento de base, se
debe ser prudente en la prescripción de medicamentos con
acción anticolinérgica que serian una alternativa
para el control de la incontinencia pero que probablemente empeoren
la evolución de la demencia (31,32).
Se ha considerado que la presencia de insuficiencia ranal implica
para los enfermos un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad,
especialmente si además hay enfermedades crónicas
cardíacas y respiratorias (33-36). Se debe tener en cuenta
que dentro los cambios fisiológicos asociados al
envejecimiento, la disminución del funcionalismo renal puede
ser de gran impacto ya que muchos medicamentos son eliminados por
esta vía. Se ha observado que el enfermo geriátrico
con insuficiencia renal tiene más riesgo de presentar RAM,
por lo tanto se deberá tener especial cuidado en este grupo
de pacientes. Una de las medidas básicas es realizar ajustes
posológicos para evitar RAM dosis-dependiente o eliminar
fármacos que puedan empeorar la enfermedad de base como
puede ser las sobrecargas electrolíticas (antiácidos
y enemas polielectrolíticos, etc.)
La monitorización de los iones séricos (potasio,
sodio, etc.) en enfermos con tratamiento diurético, IECA o
ARA II, también es indispensable. Esta área de la
monitorización se recoge en numerosas guías debido al
gran número de RAM inducidas en estos enfermos
(6,7,11,12).
Tabla 1. Relación de medicamentos potencialmente inapropiados en geriatría
Tabla 2.
Relación de medicamentos potencialmente inapropiados en
geriatría en relación a la patologia de
base
Tabla 3. Criterios de uso apropiado. MAI y pesos relativos.
Tabla 4. Indicadores
de calidad en tratamientos de enfermos geriátricos
propuestos por ACOVE
Tabla 5. Criterios de
tratamiento potencialmente inapropiados
Tabla 6. Tratamientos que
se deberían considerar indicados en el enfermo
geriátrico
Tabla 7. Medicamentos
con actividad anticolinérgica
Carles Pardo Gracia
Servei de Farmàcia
Hospital General de Granollers
1.- Consejo General de Colegios de Farmacéuticos.
http://www.portalfarma.com/pfarma/taxonomia/general/gp000016.nsf/voDocumentos/BE102C6021809013C125747F003CC924/$File/06.pdf
visitado Octubre 2008.
2.- Mangoni AA, Jackson SHD. Age-related changes in
pharmacokinetics and pharmacodynamics: Basic principles and
practical applications. Br J Clin Pharmacol. 2003; 57:6-14.
3.- Bowie MW, Slattum PW. Pharmacodynamics in older adults: a
review. Am J Geriatr Pharmacother. 2007;5:263-303.
4.- Otero MJ, Codina C, Tamés MJ, Pérez M. Errores de
medicación:estandarización de la terminología
y clasificación. Resultados de la beca Ruiz-Jarabo 2000.
Farm Hosp. 2003; 27:137-149.
5.- Anónimo. Deteriorament natural o induït per
fàrmacs?. Butlletí Groc 1991; 3: 9-12.
6.- Beijer HJM, Blaey CJ. Hospitalisations caused by adverse drug
reactions ( ADR ): A meta-analysis of observational studies. Pharm
World Sci. 2002; 24: 46-54
7.- Wiffen P. Gill M, Edwards J, Moore A. Adverse drug reactions in
hospital patients. A systematic review of the prospective and
retrospective studies. Bandolier Extra 2002.
www.jr2.ox.ac.uk/bandolier/extra.html visitada Març
2006.
8.- Letrilliart L, Hanslink T, Biour M, Fagot JP, Guiguet M,
Flahault A. Postdischarge adverse drug reactions in primary care
originating from hospital discharge. Drug Safety. 2001;
24:781-792.
9.- Bero LA, Lipton HL, Bird JA. Characterization of geriatric
drug-related hospital readmissions. Medical Care. 1991;
29:989-1003.
10.- Min Z, D’Arcy J, Holman D, Brameld P, Brameld K. Repeat
adverse drug reactions causing hospitalisation in older
Australians: a population-based longitudinal study 1980-2003. Br J
Clin Pharmacol. 2006; 63:163-170.
11.- Harms SL, Garrad J. The Fleetwood model: An enhanced method of
pharmacist consultation. Consult Pharm. 1998; 13: 1350-5.
12.- Fuerst RH. Geriatric drug use. Geriatric therapy. In
Koda-Kimble MA, Young LY, eds The applied therapeutics: The
clinical use of drugs 7th ed. Lippincott Williams& Wilkins;
2000: 97(1)- 97(20)
13.- Spinewine A, Schmader KE, Barber N, Lapane KL, Swine C,
Nalón JT. Prescribing in elderly people 1. Appropriate
prescribing in elderly people: how well can it be measured and
optimised ?. Lancet 2007;370:173-184.
14.- Beers MH, Ouslander JG, Rollinger I, Reuben DB, Brooks J, Beck
JC. Explicit criteria for determining inappropriate medication use
in nursing home residents. Arch Intern Med. 1991;
151:1825-32.
15.- Fick DM, Cooper JW, Wade WE, Waller JL, Maclean JR, Beers MH.
Updating the Beers Criteria for potentially inappropriate
medication use in older adults. Arch Intern Med. 2003;
163:2716-24.
16.-McLeod PJ, Allen RH, Tamblyn RM, Gayton DC. Defining
inappropriate practices in prescribing for elderly people. A
national consensus panel. Can Med Assoc J. 1997; 156: 385-91.
17.-Naugler C, Brymer C, Stoole P, Arcese Z. Development and
validation of a improving prescribing in the elderly tool. Can J
Clin Pharmacol. 2000; 7: 103-107
18.- Gallagher P Ryan C, Byrne S, Kennedy J, O’Mahony. STOPP
(Screening tool of older person’s prescriptions) and START (
Screening tool to alert doctors to right treatment). Consensus
validation. Int J Clin Pharmacol Ther. 2008; 46:72-83.
19.- Hajjar ER, Cafiero AC, Hanlon JT. Polypharmacy in elderly
patients. Am J Geriatr Pharmacother. 2007;5:345-351.
20.- Lau DT, Kasper JD, Potter DEB, Lyles A, Bennett RG.
Hospitalization and death associated with potentially inappropriate
medication prescriptions among elderly nursing home residents. Arch
Intern Med. 2005;165:68-74.
21.- Steinman MA, Landerfeld CS, Rosenthal GE, Berthenthal D, Sen
S, Kaboli PJ. Polypharmacy and prescribing quality in older people.
J Am Geriatr Soc. 54:1516 -1523.
22.- Hanlon JT, Schmader KE, Samsa GP, Weinberger M, Uttech KM,
Lewis IK, et al. A method for assessing drug therapy
appropriateness. J Clin Epidemiol. 1992 ; 45 : 1045-51.
23- Shrank WH, Polinski JM, Avorn J. Quality indicators for
medication use in vulnerable elders. J Am Geriatr Soc 2007; 55:
s373-s382.
24.- Aspinall S, Sevick MA, Donohue J, Maher R, Hanlon JT.
Medication errors in older aduls: a review of recent publications.
Am J Geriatr Pharmacother. 2007; 5:75-84.
25.- Anónimo. Modalités d’arrêt des
benzodiazepines chez les patients âgés: un guide de la
HAS propose des protocoles réalistes. Rev Prescrire 2008;
(293):229.
26.- Garolera D, Bendalhan G, Gras R, Benaque A, San José A,
Vilardell M. Utilización de fármacos para el sistema
nervioso central en residencias geriátricas. Med Clin
(Barc). 2001; 117:615-6.
27.-Sicras A, Peláez J, Castellá A, Rodriguez M.
Consumo de psicofármacos inapropiados en esidencias
geriátricas: estudio comparativo entre los años 2001
y 2006. Farm Hosp. 2008;32:96-101.
28.- Carnahan RM, Luna BC, Perry PJ, Pollock BG, Culp KR. The
anticholinergic drug scale as a measure of drug-related
anticolinergic burden: associations with serum anticholinergic
activity. J Clin Pharmacol. 2006;46:1481-1486
29.- Rudolph JL, Salow MJ, Angelini MC, McGlinchey RE. The
anticholinergic adverse effects in older persons. Arch Inern Med.
2008; 168:508-513
30.- Chew ML, Mulsant BH, Pollock BG, Lehman ME, Greenspan A,
Mahmoud RA y cols Anticholinergic activity of 107 medications
commonly used by older adults. J Am Geriatr Soc. 2008; 56:
1333-1341.
31.- Carnahan R, Lund B, Perry P, Chrichilles E. The concurrent use
of anticholinergics and cholinesterase inhibitors rare event or
common practice. J Am Geriatr Soc. 2004; 52:2082-2087.
32.- Gill S, Mamdami M, Naglie G, Steiner D, Bronskills S, Kop A et
el. A prescribing cascade involving cholinesterase inhibitors and
anticholinergic drugs. Archiv Intern Med. 2005; 165:808-813.
33.- Prunicki MC, Dasta JF. Acute renal failure in hospitalized
patients: Part I. Ann Pharmacother. 2002; 36:1261-7.
34- Prunicki MC, Dasta JF. Acute renal failure in hospitalized
patients: Part II. Ann Pharmacother. 2002; 36:1430-42.
35.- Chertow GM, Lee J, Kuperman GJ, et al. Guided medication
dosing for inpatients with renal insufficiency. JAMA. 2001;
286:2839-2844.
36.- Bonal J, Bonafont X. Ajustament de la dosi de medicaments en
els malalts amb insuficiència renal. Butlletí
d’Informació Terapèutica. Generalitat de
Catalunya. Departament de Salut 2007; 19(4).